‘Invasiones’, de Ismael M. Biurrun

Invasiones Book Cover Invasiones
Ismael Martínez Biurrun
Terror
Valdemar
Mayo de 2017
Tapa dura, formato pequeño
370 páginas
14,50 euros

 

"Tenemos miedo de lo inesperado. Nos aterra perder el control. Temblamos ante la sola idea de que un cuerpo extraño irrumpa en nuestra casa, en nuestro organismo, en nuestra mente, y transforme el mundo en un lugar desconocido para nosotros".

 

 

La mayor pega que se le puede poner a ‘Invasiones’, la colección de tres novelas cortas que Ismael Martínez Biurrun ha publicado en Valdemar en mayo de este año, es la de empezar por el plato fuerte. La primera de las historias, ‘Coronación’, tiene tanta pegada que hace palidecer a las dos siguientes: ‘El color de la tierra’ y ‘Nebulosa’, o al menos así ha sido en mi caso. No obstante, es justo reconocer que las tres saben mantener el interés, estirar la tensión y sacudir al lector con un final que no pretende ser efectista a costa de sacrificar el tono general de la narración, pero que sí sabe dejar huella.

Decía Biurrun en la charla ofrecida en el festival Celsius 232 (y que más adelante podréis ver gracias al blog ‘Sense of wonder’), que “la naturaleza esté en el centro de las tres historias”, y aunque esto es cierto (la primera tiene como excusa una plaga de langostas que arrasa una ciudad, la segunda de una serie de seísmos que trastocan la ya de por sí alterada realidad de una pacífica ciudad de vacaciones, y la tercera parte de un meteorito que cae contra unos observadores de estrellas aficionados), yo diría que en el fondo de lo que hablan las tres historias es de la naturaleza humana. Quien haya leído a Biurrun sabrá ya que, sin caer en interminables monólogos internos o en monótonas primeras personas, él es un narrador de personajes. Consigue expresar su mundo interior a través de las acciones, y se vale de su manera de observar el mundo para convertir la realidad que los rodea en maravillosas metáforas de lo que ocurre dentro de su mente.

Contó Biurrun en la charla del pasado Celsius 232 que el formato de la novela corta surge de su “incapacidad” para escribir relatos cortos. “No he escrito ninguno del que verdaderamente esté satisfecho. Cuando algo me queda razonablemente bien siempre se pasa de extensión, y entonces se me queda en una distancia extraña”, asegura. Hay que decir en su defensa que estas tres historias tienen la extensión necesaria, si no bien para narrar los hechos (el resumen de acciones siempre se puede hacer más breve), sí al menos para que el lector tenga tiempo de conocer qué le está ocurriéndoles internamente a los personajes.

Esto se ve ya en la primera de las novelas cortas. ‘Coronación’ es mi historia preferida, y aunque es una magnífica puerta de entrada al volumen, yo la hubiera dejado al final por el gran sabor de boca que deja. El punto de partida parece sencillo, aunque esconde mucha miga: dos matrimonios comparten una cena en un apartamento de lujo mientras la ciudad a su alrededor se va llenando de langostas (el insecto, obviamente).

Hay una parte que podríamos decir de terror físico, y que básicamente responde a una necesidad de hacer el peligro real y que ayuda al climax de la historia, pero en el fondo estamos ante una pieza costumbrista que el propio autor ha comparado con una obra teatral como en ‘Un dios salvaje’. Aquí el conflicto real es el que mantienen los personajes y sus relaciones (laborales, sentimentales, familiares…). “Apostaba mucho por los diálogos, que me parece una de las cosas más difíciles de escribir”, explicó Biurrun, quien también reconoció que la historia le vino de un misterioso encuentro con un insecto mientras escribía en pantalones cortos su casa, un quinto piso. “De repente noté algo en la pierna. Era un saltamontes enorme. Pegué un grito tremendo”, admitió.

La segunda de las historias, ‘El color de la tierra’, es algo más pausada y tarda más en arrancar. En este caso el elemento fantástico son los movimientos sísmicos capaces de agrietar la tierra y hacer que alguien desaparezca por ella. Y sin embargo, el terror no lo generan los terremotos, sino la forma en que reaccionan los personajes. Viene de la manera en que asimilan lo que ocurre con la indiferencia de quienes han aceptado el apocalipsis, y ya son incapaces de preocuparse por nada (algo que, de alguna manera, evoca a la estupenda novela del autor, ‘Un minuto antes de la oscuridad’). En este caso la historia es menos coral y se centra en el personaje de Dimas, el único que parece mantener una cierta cordura y que se debate contra el ‘inmovilismo’ del resto, algo que se justifica al final al desvelarse un misterio planteado durante la trama. Sin duda, el final más redondo de las tres novelas.

Por último, ‘Nebulosa’ contiene el mejor arranque del volumen, aunque para mí se desinfla demasiado pronto y el desenlace no llega a remontar la bajada de ritmo que hay en la historia. Quizás en otro contexto, como cuento independiente, hubiera sabido apreciarlo mejor. Sin embargo, al ir como colofón a las otras dos narraciones, me chirría un poco su desarrollo y la presencia de elipsis.

La historia nos meten en una primera cita, una escapada de fin de semana, que no está saliendo demasiado bien. Los protagonistas se están conociendo y empujan porque la relación vaya adelante, pero desde el principio se refleja la brecha insalvable que parece existir entre ellos, e incluso de alguna manera la narración le culpabiliza a él, Asís, de que la cosa no funcione. Deambulando en coche se topan con un grupo de aficionados a la astronomía que se ha echado a la noche para tratar de vislumbrar la caída de un meteorito (el YV9417). Biurrun sabe moverse magníficamente por los tonos grises de sus personajes, y como decía es un maestro de la ‘falacia patética’, es recurso en el que las cosas se antropomorfizan, e incluso el escenario se convierte en un lienzo para el mundo interior de los personajes (como cuando llueve durante un funeral o cuando el viento apaga unas velas después de que los protagonistas de una película se acaben de acostar juntos, por utilizar dos ejemplos cinematográficos). En este caso, el cielo estrellado es un maravilloso escenario romántico (“una playa cósmica” por la que pasean, como la describen ellos), pero también un abismo insondable y desconocido del que puede surgir el terror (“… ya no había sobrecogimiento, ni playas cósmicas, solo negrura y desconocidos y frío que trepaba desde las plantas de los pies hasta la nuca”).

Tras lo ocurrido con la caída del meteorito, algo que iremos descubriendo a medida que avanza la trama, el protagonista comienza a transformarse. O al menos, así lo ve él. Por desgracia, como decía antes, en mi opinión la historia decae y muta en otra cosa que no deja de ser interesante, pero que me resulta menos atractiva por la forma en que se resuelve. Quizás, si hubiera transcurrido en un tiempo más compacto como las dos primeras historias, y sin la intervención de personajes externos, hubiera apreciado más el resultado.

Con todo, este es uno de los mejores libros de terror (lo digo así, sin complejos, porque obras como ésta hacen grande al género) que se ha publicado este año: un año de grandes lanzamientos. Estamos ante una edición magnífica, tanto por su precio como por la calidad de la misma. Si ya cuesta y alegra dar con una buena novela corta de género para leerse de un tirón, aquí Biurrun, tan generoso como lo fue Galadriel con Gimli, nos ha regalado tres.

 

 

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