‘Tictac’, de Dean Koontz

Tictac Book Cover Tictac
Dean Koontz
Terror
Planeta
Junio de 1998
Tapa dura con sobrecubierta
302
Josefina Meneses

Tommy Phan es un joven norteamericano de origen vietnamita que se dedica a escribir novelas de detectives. Un día, al regresar a casa, se encuentra junto a la puerta algo parecido a una muñeca de trapo. Pero se trata de una muñeca en blanco, pues en lugar de boca luce cinco aspas de hilo negro, un par de ellas en lugar de ojos y otras dos aspas en el lugar que ocuparía el corazón. Dean Koontz crea en Tictacuna historia en la línea habitual de su estilo, en el que el suspense y el terror se unen para lograr un libro de alta tensión que pondrá el corazón en un puño a sus lectores habituales.

 

Dean Koontz es probablemente uno de los autores más irregulares que existen. Pocas de sus novelas pueden catalogarse de excelentes, aunque hay honrosas excepciones y sus lectores más fieles podrían citar ejemplos como ‘Fantasmas’ o ‘Único superviviente’. Sin embargo, entre su vastísima bibliografía se encadenan libros interesantes –al menos para los amantes del terror más tradicional– con otros francamente malos en los que no es posible salvar nada: ni los personajes, ni la trama, ni el estilo, que por otro lado es bastante discreto y dejar fluir la historia. Esta irregularidad en su obra hace que comenzar uno de sus libros sea una pequeña lotería, ya que este patrón se ha repetido a lo largo de toda su carrera.

Quizás por este factor de aleatoriedad, me he hecho ‘adicto’ a comprar sus libros en las ferias de libro viejo. Más que una costumbre, yo lo llamaría manía. Cuando veo las casetas de libros usados alineadas en una plaza me pongo a rastrear las pilas en busca de las novelas que me faltan. Hay ediciones para todos los gustos, con portadas que van desde lo ‘escandalosamente feo’ a las ‘simplemente horribles’. Pero la verdad, todas tienen algo que las hace fascinantes, ya sea por las ilustraciones de libro pulp que adorna muchas de las ediciones, o por esa ingenuidad con la que se trataba de vender el terror en los años 80 incluyendo reclamos como: “Una pavorosa incursión en el reino de las fuerzas del mal” que aparece en ‘Reino de Tinieblas’, uno de mis favoritos del autor, o “El terror apenas ha comenzado. La noche aúlla de espanto” que nos sugiere la portada de ‘Relámpagos’.

En este sentido, ‘Tictac‘ fue un amor a primera vista. La fea portada, la maravillosa edición en tapadura con sobrecubierta, el buen estado de conservación del libro –que no huele a tabaco y apenas tiene las páginas amarilleadas pese a tener casi dos décadas– y la descalabrada trama me empujaron a pagar este verano los seis euros que pedían por él en la feria de libro antiguo de Santander. El argumento es tan disparatado como pueda uno imaginar. Todo sucede en el transcurso de una única noche. Tommy Phan, un joven estadounidense de origen vietnamita que ha renegado de sus orígenes y del negocio familiar para dedicarse a la escritura de novelas de detectives, acaba de dejar su anterior trabajo como periodista y se ha comprado un corvette para celebrar su recién adquirido éxito como autor. Remata la celebración en un restaurante donde se come dos hamburguesas –epítome de la cultura americana que ha abrazado, para escándalo de su madre– y allí conoce a una extraña camarera, Deliverance Payne (Del), que le ayudará más adelante. Los problemas se inician cuando poco después de llegar a casa escucha como llaman a la puerta de entrada, sólo para abrirla y descubrir que allí ya no queda nadie. Sí han dejado, sin embargo, una misteriosa nota escrita en vietnamita –que Tommy no puede leer ya que ha perdido la capacidad para entender su idioma natal– y una pequeña muñeca de trapo sin apenas rasgos, salvo unas pocas costuras para los ojos y la boca. El ‘horror’ se inicia cuando la muñeca cobra vida, trata de matar a Tommy, y empieza a transformarse en un horrible monstruo que perseguirá a Tommy tratando de darle caza durante toda la noche, o 300 páginas que si sois amantes a las películas de serie B os durarán una tarde.

El libro es totalmente fiel a su espíritu y da lo que promete. Me encanta la honestidad de Koontz y su falta de complejos. La historia no pretende alegorizar nada. Ni siquiera se esfuerza por resultar verosímil. Simplemente nos propone una persecución totalmente alocada con un monstruo salido del infierno que no obedece a razones, que resulta imposible de matar y que no teme llevarse por delante a quien haga falta para cumplir su misión: poner fin a la vida de Tommy. Sí hay un posible trasfondo en el rechazo del protagonista a sus orígenes vietnamitas, pero cuesta un poco tomárselo en serio cuando vemos los clichés y la falta de seriedad con que el propio autor se toma sus raíces (la misma falta de seriedad con la que se toma la cultura estadounidense, diré en su favor). Lo mismo ocurre con la resolución de la novela, que por su puesto no comentaré aquí.

Sí diré, respecto al final del libro, que se trata del punto más flojo. Por un lado, Koontz trata de dotar de sentido a todo lo ocurrido durante la novela de una forma vaga y absurda, en la que no le importa mezclar vudú con magia oriental e intervención extraterrestre, mostrando una falta de interés por hacer coherente las cosas que parece surgida del cuarto de guionistas de Sharknado. Más criticable me parece la urgencia que se da el autor en buscar un final ‘feliz’ alocado para la historia. que casaría más en una comedia romántica que una novela de terror.

Sin embargo, es importante decir que la historia de terror de este libro tienda mucho hacia la comedia y a la aventura. La clave está en el personaje de Del que citaba antes, y que tras su aparición esporádica como camarera resurge tras el primer cuarto del libro para hacerse prácticamente con el protagonismo de toda la historia. Y es que cuando Tommy está en plena huida, se encuentra con una Del transformada en superheroina (no literalmente, pero casi) que acude en su rescate. Poco a poco vamos viendo que la idea que nos habíamos formado de esta joven no se corresponde con la realidad. Lo cierto es que es millonaria (trabaja como camarera por gusto, sí, agárrense los machos) y vive con un golden retriever tan inteligente, Scootie, que deja la carrera como astronauta de la perra Laika en un simple “enséñame esa patita” o “hazte el muerto“. Por supuesto, Del no tarda ni un segundo en creer la historia del muñeco asesino que persigue a Tommy, más adelante sabremos de su obsesión con el mundo paranormal, y le acompaña en su periplo dando origen a un romance que al parecer surge por ósmosis, ya que Koontz apenas dedica unas líneas a dar forma a una conexión entre ambos.

Y pese a todo, el libro se puede disfrutar.

Da igual el cinismo con el que se quiera analizar la novela. Es fácil atacarla con su falta de verosimilitud, con el absurdo de su trama o con el descabellado final que nos regala. También es posible sentarse en la butaca con el libro, apagar el cerebro y dejarle hacer a Koontz.

Quizás sea un placer culpable, pero al menos es uno de los que menos engorda.

 

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