Una crónica por partes del VI Celsius 232 (día 2)

Joe Hill.

En lo personal, este año el segundo día del Celsius 232 tuvo un nombre propio: Joe Hill. Aunque quizás no haya sido finalmente el autor que más me ha impresionado en esta edición –diría que eso lo consiguió Marc Pastor con su charla dedicada a ‘Farishta’–, su simpatía y su ingenio ha estado completamente a la altura de lo que esperaba. Hasta donde yo he visto, ha sido amable con los lectores, participativo (se le ha visto con frecuencia por la plaza, tomando algo y charlando con otros autores), voluntarioso en las firmas (hacía dibujos, escuchaba todos los comentarios que se le hacían y se prestaba a fotografías, lo que por otro lado no ayudaba a que las colas avanzaran a buen ritmo) y con mucho desparpajo e ingenio cuando se subía al escenario, aunque inevitablemente terminara repitiéndose en alguna de las charlas (nada raro si pensamos que tuvo como media docena de apariciones en público entre el martes y el sábado).

A pesar del madrugón, de los más de 300 kilómetros que conduje ese jueves para verle –hice malabares con los compromisos familiares–, y a pesar de los dolores de espalda que me dejaron los bultos en la mochila que eran ‘Fuego‘, ’20th Century Ghost’ (llevé la versión original en inglés de ‘Fantasmas‘), ‘Cuernos‘ y ‘El traje del muerto‘ (‘N0S42’ se tuvo que quedar fuera, de nada riñones), mentiría si no dijera que me volví a la carretera con una sonrisa de satisfacción mientras el disco ‘Evolve’ de Imagine Dragons sonaba en bucle. Sé que suena a frase de Coelho cuando la gente dice que el Celsius cumple sueños, pero os aseguro que ese día colmaron los míos.

Laura Fernández presentada por Luis Manuel Ruiz.

En cuanto al contenido de la mañana, asistí a casi todas las charlas que se impartieron en la carpa. Aunque las presentaciones de ‘La iglesia‘ de Alberto M. Caliani y de ‘Kaos‘ de María Ruisánchez fueron interesantes, el sueño acumulado no ayudó demasiado y los cafés que llevaba encima apenas hicieron efecto hasta que Laura Fernández y Luis Manuel Ruiz salieron al escenario para presentar ‘Connerland‘.

La historia de ‘Connerland‘, como ya sabrá la mayoría, tiene que ver con un escritor de ciencia ficción que vuelve de otro mundo porque tiene una misión que cumplir. “Es una novela sobre cómo cada lector encuentra a su autor“, señaló la autora. Como en otros trabajos suyos, Laura Fernández se dedica aquí a “ramificar sus argumentos hasta que uno ya no sabe lo que está leyendo“, apuntó Luis Manuel Ruiz. Así lo reconoció la propia Laura Fernández: “Es una novela muy arborescente. De cada cosa surgía un pequeño mundo“, señaló, al tiempo que confesaba que tuvo que ‘podar’ algunas de estas tramas complementarias que se desarrollan a lo largo de páginas y páginas. Para hacer más complejo este juego literario, la autora rescata además en sus libros a personajes de obras anteriores. En ocasiones incluso los recupera cuando han pasados años de sus vidas. Por ejemplo, ¿recordáis a la joven que quería ser paleontóloga en ‘La chica zombie‘? Pues Laura Fernández confía en escribir algún día una historia con dinosaurios. Ya veis por dónde va la cosa. “Todo está lleno de detalles, aunque hay que ser muy freak para pillarlos“, aseguró Fernández, quien citó entre otras muchas influencias los delirios de Robert Sheckley y de Douglas Adams.

Marc Pastor (izquierda) y Ricard Ruiz.

Y si Laura Fernández ya me dejó fascinado, la charla de Marc Pastor conducida por Ricard Ruiz me voló la cabeza. Lo cierto es que ya le tenía ganas al autor. Había comprado dos de sus novelas en ebook (‘La mala mujer‘ y ‘El año de la plaga‘) y todavía no me había empezado ninguna, por lo que no tenía ninguna intención de hacerme con ‘Farishta‘ (nótese el uso de una forma verbal en pasado). Entonces empezó a hablar sobre un suceso que tuvo lugar en Barcelona, con el cadáver de un hombre que se encontró la policía y al que le faltaba la cabeza. Los investigadores dieron con su diario personal. La primera entrada del fallecido tenía fecha del 1 de enero y arrancaba con la frase: “Creo que éste será un buen año”. Pastor reconoció que después de ver eso, tuvo que usarlo en su libro. De hecho, es la misma que ha utilizado él para el primer capítulo de esta novela que, además, incluye en su trama los viajes en el tiempo.  Después de eso sentí como el dinero salía de mi bolsillo para alejarse flotando alegremente hacia los puestos donde vendían su novela.

La charla tuvo mucho más contenido, claro está. Pastor, al que Ricard Ruiz presentó como el autor de género “más internacional” de Cataluña, habló de que quería escribir una historia con una protagonista femenina, ya que sus cuatro novelas anteriores “tenían demasiada testosterona“, y explicó que tras el éxito de ‘La mala mujer’ sus editores le ofrecieron un adelanto por su siguiente trabajo. Cuando les explicó que sería una historia completamente distinta y de género, les vio palidecer. Poniendo voz de falsete, Marc imitó a su editor: “Bueeeeno, mientras esté bien escriiiita“, se carcajeó.

Concha Perea.

Y como no hay dos sin tres, la siguiente charla también resultó interesante. Concha Perea habló de ‘La última primavera‘, publicada por Runas (Alianza Editorial), en lo que es una continuación de su debut en Fantascy hace cuatro años con ‘La corte de los espejos‘. Tengo que sincerarme, su primera novela no me gustó y todavía no le he dado una oportunidad a la segunda. Lo cierto es que me parece que Perea escribe muy bien, que construye buenos personajes y que tiene ideas interesantes, pero con su primer libro tenía todo el tiempo la sensación de no estar yendo a ninguna parte.

La autora, como sus personajes, es muy divertida, así que en la charla era imposible no pasárselo bien. Perea explicó que esta nueva novela ambientada en Terralinde ha visto la luz gracias al librero del mal, Antonio Torrubia, que peleó por su publicación. “Llegué a pensar que Martin iba a sacar los libros antes que yo. Tengo que agradecerle que os haya acostumbrado a esperar“, admitió la autora. Para quienes no conozcan su universo, en él las hadas no son exactamente amables. Más bien proceden de los cuentos y la mitología antigua, donde se las trataba como algo de lo que había que protegerse. “Me interesaba volver al origen del cuento de hadas, que es sangriento y muy bestia“, añadió Perea. También anunció que está trabajando en algo distinto, pero que no descarta en absoluto volver a este universo si los lectores lo demandan.

Y después de Perea, llegó la intervención de Joe Hill. Entró con ganas de marcha y antes de sentarse señaló el cartel y preguntó si la piel de gato que aparece en la ilustración era ‘Garfield’ y si eso explicaba su pasión por las lasañas (en la ilustración un pequeño alienígena ha salido de la piel de gato, como si fuera un disfraz, para saquear una nevera). Luego hizo una foto al público que subió a Instagram (y que está tan terriblemente desenfocada y trepidada que casi parece artística) y al final se sentó a hablar. En lugar de resumir su charla, mejor dejo el vídeo que grabé desde la primera fila (así de fan soy). La grabación tiene dos cortes, uno en el que nos pidieron aplaudir (faltan varios segundos de palmadas entusiastas) y otro en el que yo hacía una pregunta y la repetía tres o cuatro veces porque Jorge Ivan Argiz y el traductor Diego García Cruz eran incapaces de oírme. La pregunta es sobre el personaje del Hombre Marlboro que aparece en ‘Fuego’, y que me pareció más profundo de lo que el libro da a entender si tenemos en cuenta el espacio que le dedica. Al final está su respuesta. Lo dicho, uno de esos momentos que hacen que estés con una sonrisa en la cara todo el festival.

Charla de Joe Hill:

 

Fans de Joe Hill que corrían más que yo.

Después de la charla corrí al firmódromo (que este año estaba en una caseta apartada de la carpa principal) y cuando llegué me encontré con una cola inmensa –al día siguiente la cola para las firmas de Joe fue todavía mayor–. Yo sabía que ésa iba a ser mi única oportunidad para hacerme con el garabato de Joe Hill, porque el viernes tenía que volverme a Bilbao, y tras una hora de espera me encontré con que disolvían la cola cuando todavía quedaban unas 15 personas delante de mí. Ya me estaba haciendo a la idea de que me iba a volver sin la firma de Joe Hill cuando una intervención (casi) divina me puso delante del autor y me hice con la firma. Desde aquí, gracias a los dioses que obraron en mi favor.

Un servidor, planeando un inocente secuestro.

¿Y después de eso qué? Pues por ese jueves poco más, a parte de una lucha épica con un cachopo que básicamente terminó en empate antes de regresar a León, donde pude atormentar a mi familia con interminables relatos sobre el Celsius 232. Yo hablé con entusiasmo del festival, pero después de la turra que les di dudo mucho que se animen a pasar por allí.

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