Una crónica por partes del VI Celsius 232 (día 1)

Un festival literario del tamaño del Celsius 232, cuya VI edición acaba de finalizar, es inabarcable para una sola persona. Por eso no puede haber dos crónicas iguales. Hay charlas y actividades que se desarrollan al mismo tiempo; en terrazas, restaurantes y colas de firmas se forman tertulias improvisadas que a menudo absorben varias horas; y la oferta de libros y autores disponibles es tan amplia que es difícil encontrar a dos lectores con los mismos títulos en la mochila. Advertido esto, queda claro que cualquier visión de esta fiesta literaria va a ser sesgada y parcial. En esta crónica únicamente pretendo resumir algunas de las charlas a las que he podido asistir y la impresión que he sacado de una fiesta que ya está más que consolidada, y que por el momento tiene prevista una próxima edición  –con Joe Abercrombie y Tad Williams ya confirmados– para el 2018.

El acto encargado de abrir el programa fue la presentación de la revista ‘Windumanoth‘, el proyecto financiado a través de Patreon cuyo primer número acaba de ver la luz. En la mesa, presentados por Cristina Macía, estaba parte del equipo: Alex Sebastián, Laura S. Maquilón e Isa J. González. Este primer número viene con contenido tan interesante como una entrevista a Ken Liu, textos de ficción de autores como Elia Barceló o Sofia Rhei, reseñas de libros y reportajes sobre literatura de género. La inscripción es un euro mensual y los responsables de la revista planean sacar dos títulos anuales (en el futuro quieren ser cuatrimestrales), que se envían por correo (los gastos de envío van incluidos con la membresía de Patreon). Ya es posible inscribirse para recibir el segundo número. El primero estará disponible pronto en formato digital (PDF, según explicaron para conservar la maquetación y el abundante material gráfico que acompaña a los textos) a través de la plataforma Lektu, a un precio de 3,95 euros. “Para el número dos queremos entrevistar a un autor de fantasía internacional muy querido en esta ciudad (Avilés)“, adelantaron los responsables de la revista. Alguien a mi lado tosió de una forma que sonó muy parecido a ‘Abercrombie‘. Actualmente el proyecto cuenta con 300 seguidores.

Y de un proyecto nuevo se pasó a otro muy consolidado, el de la carrera de Rodolfo Martínez (escritor y editor de Sportula) que presentó no un título, sino dos: una retrospectiva de los relatos que ha ido publicando a lo largo de su carrera (y una gran forma de adentrarse en su obra) ‘Dados cargados‘, y un omnibus de su literatura pastiche dedicada a la figura de Sherlock Holmes, ‘Los archivos secretos de Sherlock Holmes‘, con más de 400.000 palabras y 1.200 páginas. Elías Combarro (del blog ‘Sense of Wonder‘ y el podcast ‘Los Verdhugos’) y la escritora Elia Barceló se turnaron para hacer las preguntas, que incluyeron tanto sus influencias (“me influye todo”, afirmó Martínez, aunque citó ‘Yo Claudio’ de Robert Graves como la obra que más le ha marcado) hasta un cálculo estimado de cuántas páginas ha publicado con su nombre a lo largo de su carrera (varios miles de ellas). Y si la cera de los oídos no me jugó una mala pasada, juraría que Rodolfo Martínez también avanzó que para finales de año espera sacar una nueva novela de Conan.

El escritor Ian Watson y la traductora Cristina Macía (parte de la organización del evento) tomaron el testigo con su habitual buena sintonía. La charla, que pretendía presentar el libro ‘Incrustados y otros delirios racionalistas‘ que ha sacado Gigamesh con tres novelas escritas por Watson hace cuatro décadas (‘Incrustados’ –también conocida como ‘Empotrados’, ‘El kit de Jonás’ y ‘Orgasmatón’). De alguna manera la conversación no tardó en derivar hacia las muñecas sexuales y el mundo de la traducción literaria. Watson ‘presumió’ de llevar escritas este año “cuatro páginas” de un nuevo trabajo, y alegó en un reproche hacia Macía que no paran de interrumpirle cuando escribe. También anunció que está trabajando en una secuela de ‘El cerebro del más allá‘.

La siguiente charla de la mañana fue con otro Ian, en este caso Whates, que los últimos años ha acudido de motu propio al festival y que este año lo hacía con su primera publicación en español ‘Torres de Babel‘, una colección de relatos publicada en Sportula. Preguntado por Elías Combarro, Ian Whates habló de las aproximadamente 70 historias que tiene publicadas en inglés y de la selección que llevó a cabo para confeccionar el libro. “Espero que os guste echar un vistazo a mi mente retorcida“, bromeó. También explicó cómo le ha influenciado el trabajo de editor que desarrolla desde hace 11 años y su participación en un grupo de escritura donde todos se critican las redacciones. “Es más fácil ver las cosas en el trabajo de otros y luego se puede aplicar al tuyo“, afirmó. Por otro lado, Whates descartó que haya demasiadas diferencias entre los lectores españoles y los ingleses. “Los dos públicos sois muy entusiastas, y los dos bebéis mucho“, rió.

No todo fue escuchar a los autores. Después de sacar la cartera por primera, pero no por última vez, para comprar un par de títulos –la antología de Whates que me firmó tras la charla y el libro ‘Japón especulativo‘ publicado por Satori, con traducción de Alexander Páez (‘Donde acaba el infinito’)–, unos cuantos nos fuimos a disfrutar del descanso del guerrero. Lo que empezó con un grupo pequeño terminó con 16 personas compartiendo mesa en un restaurante. Probablemente no se había visto una concentración de reseñadores y blogueros tan excitados desde que Gigamesh decidió probar un nuevo formato para publicar el ‘Transcrepuscular’ de Emilio Bueso.

Como el café nos pone filósofos, ¿qué mejor manera de seguir con la tertulia post-comilona que una mesa redonda sobre novela corta? La impartieron en el auditorio Felicidad Martínez, Pablo Bueno, Gabriela Campbell, Nieves Delgado, Cristina Macía y Elias Combarro. Ellos nos hicieron ver el ‘boom’ que este formato está experimentando en la actualidad, y buena prueba de que tienen razón es el éxito de la editorial Cerbero, a la que se podría declarar ‘ganadora’ del Celsius 232. Su caseta prácticamente agotó la existencia de títulos impresos.

Como sucede con este tipo de mesas redondas, la charla fue altamente divertida, muy amena y poco concluyente. Gracias a las extensas notas y al costoso trabajo de documentación llevado a cabo de manera previa por Pablo Bueno –un par de días después enseñó orgulloso la hoja de cuaderno arrancada con la que se había subido al escenario, y que apenas tenía dos líneas de garabtos escritos apresuradamente– supimos que la novela corta tiene una extensión de 17.500 y 40.000 palabras.

Elías explicó que el origen de la saga de ‘El juego de Ender’, que comenzó como novela corta, se debió a un editor poco escrupuloso que vendió dos novelas del autor sin consultarlo previamente con el propio Orson Scott Card (de ahí que reciclara un trabajo ya escrito para la segunda parte, y que metiera a Ender en la trama con calzador), y Campbell, como la experta que es en ofrecer consejos a los escritores, recapituló algunos de los objetivos que pueden cumplirse con el formato de novela corta: campo de pruebas para un futuro trabajo, como novela anzuelo para atraer lectores a un universo literario, como recurso de marketing para dar a conocer a un autor, o con el ánimo de juntar varias para formar una antología, entre otros.

Por su parte, Felicidad Martínez y Nieves Delgado reivindicaron la novela corta frente a las sagas literarias, por más que a menudo los lectores pidan más y más páginas de una historia (masocas que somos algunos). “Uno de los pecados del escritor es querer contar de más“, reconoció Bueno, autor de la trilogía iniciada con ‘La piedad del primero’, que pronto verá su conclusión, y que acaba de lanzar la novela corta ‘Tres ojos de bruja’. Y como a mí esa tarde me esperaba la carretera, puerto de montaña incluido, mi primer día en el festival no dio para más.

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